Troskos – Veintitrés

Por Ernesto Tenembaum
Debido a una razón absolutamente fortuita y nada política, tengo cierta debilidad por Jorge Altamira. En marzo de 1989, yo acababa de lograr un ansiado pase a la sección política de Página 12. Me encomendaron que cubriera lo que ocurría en los partidos de izquierda. No parecía, a primera vista, una gran responsabilidad: envidiaba a los compañeros que escribían sobre radicalismo –el partido que se caía del poder– o sobre los militares –que producían una rebelión cada tres meses–, y más a los que contaban el peronismo, que se venía con todo. La izquierda era, apenas, un recuadrito de todo eso, un primer escalón. Sin embargo, tenía lo suyo. Porque el Partido Comunista se hacía añicos tras la caída del muro de Berlín, y muchos disidentes por primera vez contaban cosas que ocurrían adentro. El Movimiento al Socialismo, por su parte, lograba que Luis Zamora llegara a la Cámara de Diputados desde donde enfrentaría a George Bush a gritos y hacía congresos multitudinarios. Y el Partido Obrero lograba un insólito protagonismo porque el gobierno radical, sin una sola prueba –casi como ahora– lo acusaba de conspirar contra la democracia en medio de los saqueos que agitaban al país, como consecuencia de la hiperinflación, y un juez que se llamaba Larrambebere decidía detener al propio Altamira por sedicioso, y la policía cumplía la orden nada menos que en la Casa Rosada, a la vista de toda la prensa. El que daba conferencias para denunciar al PO como golpista no se llamaba Nilda Garré ni Aníbal Fernández ni era peronista: era el ministro radical Juan Carlos Pugliese.

Por ese entonces, Altamira era candidato a presidente. Sus discursos en los espacios gratuitos de televisión me daban mucha risa y eran muy comentados. “Que Richard Handley y el FMI se vayan a laburar”, gritaba Altamira a cámara. Handley era un rugbier que conducía el Citibank: un hombre clave de aquellos tiempos, poderosísimo, multimillonario, que sería artífice de algunas de las peores medidas de la década que siguió y armaría un pool de medios oficialistas –tal como ahora lo hacen otras personas–. Altamira lo provocaba con su histrionismo, aprovechaba esos minutos de aire gratuito para darse una panzada. Por entonces, me tocó entrevistarlo en la página destinada a los candidatos a presidente (era una democracia más abierta que la que se propone ahora porque los partidos chicos podían presentarse). Vagamente recuerdo que yo lo trataba con cierto cinismo y autosuficiencia y él se enojaba mucho. Pero lo más importante para mí es que el día que salió publicada, sonó un interno en la redacción, pidieron hablar conmigo y era el director del diario, Jorge Lanata –con quien hasta allí me había llevado pésimo– para felicitarme por la nota. Yo era un principiante, venía de un año y medio de remarla en condiciones adversas y esa nota, creo, fue un paso importante para mi carrera.

Unos años antes había conocido a otro militante del Partido Obrero que, al menos en la ciudad de La Plata, hacía ruido. Se llamaba Michelle Saubal. Era el único delegado del PO en el primer congreso de la Federación Universitaria de La Plata posterior al regreso de la democracia. Habría unos ciento veinte delegados: la mayoría radicales, muchos intransigentes y comunistas, algunos peronistas, un puñado de independientes. Y él solo los volvía locos a todos. No tenía ninguna posibilidad de ganar una sola votación. Pero los enloquecía. Recuerdo al jefe del bloque radical gritarle varias veces “golpista”, porque criticaba a Raúl Alfonsín. Más o menos como los tratan ahora. Saubal era mayor que el resto y mucho más formado. Años después me lo crucé en la Facultad de Psicología de la UBA. Seguía militando en el Partido Obrero. Preparamos una materia juntos. Saubal era lacaniano, ¡leía a Lacan en francés! Hablaba varios idiomas. Creo que había sido ingeniero. El otro día, en el set de Palabras más, palabras menos, le pregunté a Altamira si tenía noticias de él. “Sí, claro. Sigue siendo un militante. Acaba de escribir un artículo interesantísimo sobre los lacanianos de izquierda. Fue el hombre que preparó todo el sistema informático del partido. Hemos tenido nuestras discusiones porque, por momentos, es un hombre muy radicalizado”. Yo lo miraba con extrañeza: ¿cuánto más radicalizado que Altamira se puede ser? Está claro que se refería a un mundo con códigos que, desde afuera, son difíciles de entender. Ni mejor ni peor que tantos otros pequeños o grandes mundos que sólo se entienden, y a veces ni eso, si se pertenece a ellos.

El martes pasado tuve ocasión de conocer, durante unos minutos, a otro militante del Partido Obrero. Se llama Jorge Ospital y fue uno de los detenidos por el corte de las vías del Roca. Hace 26 años que Ospital es trotskista. Fue trabajador gráfico y en la última década labura como ferroviario. Apareció con una remera negra estampada con la imagen de Mariano Ferreyra. “Yo me hice trotskista porque encontré un programa para cambiar el país”, dijo. Yo lo miraba y me lo imaginaba armando comisiones internas y dando peleas contra los muchachos de José Pedraza. Debe ser una vida, cómo decirlo, difícil, arriesgada, temeraria. Sin apoyo de ningún gobierno, con el odio de la pesada, la vigilancia de empresas muy vinculadas a la mafia política y sindical. Quienes conocen el mundo gremial cuentan que hay muchos como él. Y son odiados por los caudillos del sindicalismo peronista. Enfrentarse a esos hombres no es sencillo. A Mariano Ferreyra le costó la vida, por ejemplo. Imaginaba a Ospital o a otros como él enseñándole a leer y escribir a Elsa Rodríguez, la mujer que aún lucha por salir del coma luego de la represión de la patota de Pedraza en Barracas.

Para un periodista socialdemócrata –o algo así– como el que escribe estas líneas, los troskos son tipos raros, sectarios, dogmáticos, intransigentes, con los que cuesta mucho convivir. Personajes casi borgianos, de otros tiempos, incapaces de entender que la realidad no cabe en ninguna teoría cerrada o que el capitalismo no va a explotar por sus contradicciones y, si lo hace, no va a ser precisamente una buena noticia. Pero, a estas alturas, quién sabe quién tiene razón, ¿no? Corre tanta agua bajo el puente que tampoco se puede juzgar a los demás como si uno fuera no sé qué cosa. Sobre todo si se trata de gente que entrega su vida a la lucha por ideas y no transa. En su defensa hay que decir que nunca fueron lopezrreguistas, ni mataron gente, ni opinaron que Videla era un general democrático, ni se confundieron con Menem o Rodríguez Saá, ni con la Alianza, ni con nadie. Y fueron perseguidos como los que más. O sea que, en un país de gente equivocada, no han cometido equivocaciones demasiado graves. Y si son un poco locos, en fin, hemos tenido cada uno al frente del país –Cavallo, por citar a uno de ellos, ¿se acuerdan?– que mejor no comparar.

Por eso resulta extraño que el canciller multimillonario del gobierno nacional y popular defienda a sindicalistas multimillonarios y levante el dedito en contra del PO, y haya jueces que libren órdenes de detención, y ministros ultraduhaldistas de toda la vida que los acusen de duhaldistas (!).
Extraño que cuando hay usuarios que queman trenes, para el Gobierno los culpables sean ellos, y cuando los maestros paran en Santa Cruz también y cuando saquean un negocio en Constitución, otra vez apelen al mismo recurso.

Que los acusen de incendiarios, sediciosos, saqueadores y hasta de promover atentados contra la casa de la familia Kirchner en Río Gallegos.

Y que nunca haya pruebas.

Parece un mecanismo clásico de gobiernos de derecha.

Pero quizá no sea este el caso.

A veces ocurre, apenas, que los vidrios polarizados de los autos último modelo nublan la vista de algunos funcionarios. Y así como en otros tiempos eligieron a Hermenegildo Sábat como enemigo, con la misma lógica ahora señalan a los tobas formoseños o a los militantes gremiales del Partido Obrero.

A veces, las personas hacemos cosas muy extrañas.

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Fuerza bruta: dos meses sin Kirchner – RollingStone Argentina 

La muerte del ex Presidente generó su mitificación instantánea; a dos meses del suceso, los peligros que engendra el extraño conglomerado ideológico que se formó alrededor del líder

Antes que nada: todo el respeto por la muerte del compañero ex presidente. Porque ya estaremos ahí también. Si nos agarra despiertos, los últimos cinco segundos deben ser un espanto de alquilar balcones y no los vamos a poder contar. Las vidas, compañeros, son todas conmovedoras: las tiras de esfuerzos que hacemos por abrirnos paso, en un mundo hostil, son para aplaudir y los esfuerzos patéticos para ser felices, ¡dios! Cruelmente, mientras subimos la lomada, se cocina la certeza de que la joda se termina, con el frío suspenso de no saber cuándo. Y algo más: no se puede conocer nunca del todo a otra persona y eso aumenta el respeto, no sólo a la muerte y al muerto, a Néstor Kirchner -quien nos ocupa-, sino al vivo que todos conocimos en persona, por tevé o por decreto. Entonces, el respeto más absoluto por lo más absoluto de todo.

Luego, tomar la palabra.

Kirchner se murió porque se murió. Le iba a pasar de una manera u otra, un día u otro, y no puede dársele contenido político a lo repentino. En cristiano: no se puede ser tan pelotudo de darle una entidad distinta de la sorpresa que no sea la sorpresa y el rendimiento marginal de cómo determinadas muertes invaden nuestra intimidad, nos dejan helados, ilustrando que los hombres públicos son gente especial, que llevan un delirio bien a fondo y, cuanto más a fondo, más penetrantes en nuestros recuerdos, y hasta parece que le falta un personaje a nuestra vida para siempre. Néstor vivía al palo, no tomaba los recaudos y tampoco tenía 15 años. Y hay gente que no toma recaudos simplemente porque la mente proyecta unas oscuridades que no se relacionan con la política, y que la condicionan. Kirchner se enfrentó al misterio de la vida con un único procedimiento: meterle para adelante, acumular plata, cosas, glaciares y hacer enemigos que le permitieran mantener viva su paranoia crónica. Por otra parte, su hiperquinesis no era una condición revolucionaria sino también otro rasgo de su psiquismo. No deben pasarse términos entre ecuaciones distintas.

Ha sido muy violento para los espíritus sensibles, para los que fuimos educados en el enciclopedismo francés -en la escuela nos mandaban a la biblioteca a averiguar todo lo que se podía saber sobre algo-, el énfasis emocional, viral, opresivo puesto por los fanáticos kirchneristas, que hacen la performance de hombres y mujeres entregados a la única causa de alentar a Néstor y a Cristina, de aguantarles los trapos, en las redes sociales (Internet ha resultado una gran segunda oportunidad para los losers) y en los shows radiales y televisivos que controla el gobierno, y que ya son cientos, en hacer del Flaco, del Eternauta, un hombre providencial, el mejor de nosotros, según dijo su señora, a la vez que promueven una serie infinita de bautismos de calles, avenidas, estadios, con el nombre del ex presidente, quien, además de sus méritos, se lleva a la eternidad numerosos deméritos, los cuales, lejos de oscurecer su paso por la presidencia, lo resaltan, al normalizarlo, porque fue un hombre que a pesar de su apetito desenfrenado por el dinero, su generosidad con los sirvientes a los que enriqueció y sus enormes dificultades para discriminar recursos privados y públicos, ayudó a hacer, del de su esposa, un gobierno muy bueno que promovió el matrimonio igualitario, y ayudó a sancionarlo, y que tuvo la humildad de tomar el proyecto de la CTA de la asignación universal por hijo y hacerlo propio, sancionarlo, y que millones de argentinos en la lona se beneficien, aunque sea un poco más, con el superávit fiscal que la Argentina le debe, básicamente, al precio internacional de sus granos. Sus vicios podrían haberle bloqueado las virtudes, como pasa con tanta gente en tantos ámbitos, y sin embargo, no, hizo bailar a unos con otras. Algo importante: sólo los grandes líderes pueden ser más hijos de puta que el promedio de los seres humanos porque sus decisiones pueden compensarles, y hasta justificarles, en el trámite histórico, sus salvajadas.

Cuando fue la masacre de Cromañón, Kirchner tardó diez días en dar una señal pública de simpatía con las víctimas y sus familias. Se fue con Cristina a El Calafate y desde allá midió por televisión los daños que la peor tragedia civil de la historia argentina podía hacerle a su gobierno. El Eternauta flaco se puso por encima de esas doscientas vidas atónitas y jóvenes que murieron por negligencia estatal y privada, cuando un consenso moral mínimo habría empujado a cualquier otro en su lugar, al contemplar esa hilera de cadáveres manchados de negro y con los ojos abiertos a saltar de la cama y ponerlo en la primera fila de los obligados a condolerse y a actuar. Sin embargo, Fuerza Néstor se borró en la terrible seguridad y cinismo de que ningún presupuesto ético podía ponerse por encima de su propia supervivencia.

Esa fue su gracia. Descubrir que con la Argentina se puede hacer cualquier cosa porque la debilidad institucional y el desinterés general por la ética pública son tan grandes que el margen de maniobra de un presidente creció enormemente. Ese fue su descubrimiento. Que ya no se trata siquiera de insinuar la vía del diálogo, todo ese mundo radical cafierista antiguo, o mostrar empatía con las víctimas, o tener pruritos morales, el vasto campo de los “¿te parece?”. Sólo la caradurez fenomenal de los más jovatos puede pretender hacer del gobierno de los Kirchner un momento romántico en la historia de la humanidad y del ex presidente un Che Guevara patagónico y civil. No hay ninguna necesidad de exagerar cualidades, romantizar las cosas como si el mundo se estuviera inventando ante nuestros ojos y fuéramos todos opas. Hay que lavarse la cara con cemento para pasar por alto que la última cena de Kirchner fue con su testaferro Lázaro Báez.

El infantilismo de los más jóvenes, ignorantes o inexpertos, o simplemente cínicos, ya es otra cosa. Disponen de más tiempo para no ser serios, para la especulación, para explorar la viscosidad de un juego con adultos, la política, que incluye ideas, razonamientos y dinero, y divertirse con ella, perversamente, hinchando por un matrimonio de millonarios, porque de última, ya habrá tiempo para realizar la acción que represente el legado personal más puro y duro, la razón de vivir, que a veces tarda en encontrarse, porque el amor a lo que te gusta es un aprendizaje lento al que se llega luego de una serie de traiciones y delaciones y equivocaciones y desvíos: y la política, o sea el acto de girar el cuello desde la contemplación obsesiva de la vida privada a dejarse impresionar por la vida pública y hacer algo con eso, tiene su trámite, su pedagogía, y mientras., pasan unos años, dos gobiernos constitucionales, perfectamente, y el joven sabe todo eso, la gente sabe cosas, entonces hace la plancha y canta y baila un reggaetón con algo que debe ser muy en serio: el servicio público. El que no tiene perdón es el mayor que se aprovecha de eso y alienta las emociones que se violentan, conforme no hay censura en los modales. Kirchner fue un aprovechador mayor de ese juvenilismo bobo, apasionado y negador y prohijó ese conglomerado de agrupaciones llamado La Cámpora, que reivindica el socialismo nacional de los Montoneros y aplaude de pie a un chabón de la Ucedé, Amado Boudou, que toca la viola y les dice: “Mírenme, a los 50 años, ministro de Economía y toda una vida dedicada a la noche”.

Llegó el calor, ahora, pasó la Navidad, estos días en que le festejamos un poco a lo posible, a ver si nos da bola, las reuniones de fin de año y, con ellas, las cañitas voladoras que los fanáticos eyectan al cielo desde botellas de Trumpeter vacías, con la expectativa irónica de que se fundan in the sky with diamonds con la imagen celestial de fuerza, Néstor. Verán constelaciones con la forma de un pingüino. Fumado, todo es posible y, por eso, entre otras cosas, hay que despenalizar la marihuana, porque nos ayuda a pasar por este infierno, tirando un rebaje. En remeras y bermudas, con las havaianas, fumancheando, se harán mil tucas parties kirchneristas en los balcones de las torres con seguridad donde viven los mejor conchabados en el Estado y que serán, solidariamente, los anfitriones, para reforzar el espíritu de cuerpo, celebrando a Néstor, encomiando su grossitud y lo bien que la hacía con la guita, y para hablar mal de Pino Solanas, de Ricardo Alfonsín y de todos los intelectuales vendidos a La Nación, haciendo cada vez más gruesa la línea divisoria entre ellos y los demás, empadronando a lo loco al conjunto de personas a las que no escucharán ni tendrán en cuenta y a los que, llegado el caso, perseguirán por sus medios. Tienen bien a mano sentencias brutales para cada uno y ésa es la forma en que tramitan su hipocresía y luchan contra su propia representación penosa.

Tristemente, el legado de Néstor Kirchner es también este ejército de cabezas de lata que tienen como misión de sus vidas parasitarias castigar a los hombres libres, a los que reconocen los matices y gozan con ellos y que puede que no quieran, o queramos, dar por bueno que el país sea el mito berreta que quieren imponer. Porque la idea de integridad absoluta, de Kirchner o de quien sea, genera decepción por lo inalcanzable y no queremos eso para las nuevas generaciones: queremos un sostenido ejercicio de su ciudadanía, de sus responsabilidades. Hay que rechazar la gratificación del mito, porque necesitamos instigar la utopía todos los días. Tal vez, entonces, no debamos ceder tan fácilmente a que las tucas parties regulen nuestro 2011 y nos caguen de miedo de pensar y decir. Que sepan los cabezas de lata que nos vamos a defender de su violencia. Diciéndolo, como hacemos desde hoy. Y llegado el caso a los tortazos, porque si no es para ser libres para qué queremos la política.

Por Esteban Schmidt

Mariano Ferreyra y Néstor Kirchner: Cuando militar pasa por contar monedas o por comprar hoteles – Argenpress

Daniel Cadabón (especial para ARGENPRESS.info)
“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan”.
Rodolfo Walsh

En las asambleas ordinarias del Sindicato unificado de trabajadores docentes (Suteba) que deliberaron en esta última semana, la burocracia yaski-kirchnerista de la CTA, se ha esforzado en el intento por canonizar a quien en vida no pudo ganar la más mínima influencia entre los trabajadores de la educación. Para esto, instó a los docentes presentes a votar al “compañero Néstor Kirchner, fallecido en la defensa del campo popular” para que ocupara la presidencia honoraria de las mismas.

Apenas digerible, la adhesión de los maestros a un representante de la patronal con frondosos antecedentes de ofensas a los educadores, debió ser condimentada al estilo burocrático, esto es: sin escrúpulos.

 

La burocracia, no tuvo vergüenza en hacer planear por el ámbito de las asambleas, y en un mismo discurso, a Kirchner junto al joven militante del Partido Obrero, asesinado por la trilogía patronal-burocracia-policía, Mariano Ferreyra.
Hacer compartir el privilegio de presidir una asamblea de trabajadores a un joven luchador, asesinado por defender los derechos de los explotados, junto al dueño de los más lujosos hoteles en las zonas turísticas de la Provincia de Santa Cruz; al político que compró tierras originarias a 20 $, usando sus privilegio en el poder, para finalmente venderlas a 20000 $. Es repulsivo.

 

Disculpen los dolidos recién llegados a la militancia oficialista. Pero el luto no nos ciega, y pese a todo este impresionismo colectivo que intentan fomentar los miserables negociantes electorales de la muerte, todavía podemos ver por donde sale el sol. Pretender aliar al gobernador menemista que firmó contratos de transferencia de los hidrocarburos y que derivó en un manotazo a los 500 millones de dólares resultantes del negocio a los bancos suizos, al lado de Mariano, unos de los mayores exponentes de la solidaridad humana – que junto a Maximiliano, Darío, Carlos Fuentealba, Julio López y otros tantos caídos – que entregaron su vida para que los oprimidos se levanten concientes en contra de la opresión, es siniestro y vomitivo.
Exponer a nuestros compañeros caídos, junto al amigo de las mineras Barrik; al financista de los casinos, el que usó 30 años de su vida para amasar una fortuna Forbes; es no tener moral. Porque nuestros compañeros cuentan las pocas monedas que sus bolsillos militantes le ofrecen para que el Bondi lo lleve al piquete a luchar por ellos y por los de su clase, ¿que tienen que hacer juntos los unos y los otros?. ¿Qué? Los corruptos que tocan la campana en los centros imperiales; aquellos, que aprovechando el estado de sitio dictatorial se hicieron de las propiedades de los estafados por la 1050, desalojando a los deudores a golpe de mazo de sus ya íntimos “rudis”. ¿Que? Puede juntar a los propietarios de las cadenas que sacudieron las cabezas de sus comprovincianos que salieron a las calles de Río Gallegos en solidaridad con un movimiento nacional “que se vayan todos” y los que luchan en contra de los cadeneros burócratas.

 

¡Que ironía! Que una asamblea docente la burocracia venga a proponer como presidente honorario al hombre que le llenó el tanque de gasoil a su amigo Varizat, para que de una y acelerando a fondo se llevara puestos a 18 docentes: que realizaban un piquete reclamando por salarios, mejores condiciones de trabajo y , fundamentalmente, para que las botas de la gendarmería dejaran en paz los patios de juego de los niños en los jardines de infantes santacruceños, que como tenían a sus maestras en huelga, fueron obligados a recibir clases prácticas de “simulacro de combate con el enemigo interior”.
Ya lo dijo Rodolfo Walsh la burguesía intenta escribir la historia con sus mártires, antes que ellos nadie y después de ellos tampoco, no importa… si es necesario inventarla a cada paso.

En una historieta del oficialista pagina12 los “huevitos kirner” intentan convencer a un personaje, “revolu”, para que milite en el kirchnerismo. Bueno ellos, sabrán.

Se cae el mito chavista: Cristina trabajó con Estados Unidos para moderar a Evo Morales – lapoliticaonline

El diario El país de España amplió los documentos secretos de los servicios de inteligencia de Estados Unidos facilitados por el sitio web wikileaks. Los cables elogiaban la colaboración del ex canciller Jorge Taiana para calmar a Evo Morales, quien en uno de sus revueltas habría estado por atacar la embajada norteamericana en ese país. Reitera el interés del Departamento de Estado por conocer la de la presidenta pero, agrega, también buscaba conocer la incidencia de Néstor Kirchner en el Gobierno. Definen al jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, como uno de los mejores interlocutores. 
Se cae el mito chavista: Cristina trabajó con Estados Unidos para moderar a Evo Morales
El País de España difundió esta noche el “Capítulo Argentino” de los 250 mil cables cifrados del Departamento de Estado que la organización Wikileaks distribuyó entre los principales diarios del mundo. La explosiva información fue anticipada en su sitio web, con un título catástrofe que atraviesa toda la home: “Clinton indagó sobre la salud física y mental de la presidenta argentina”.

Se trata por cierto de la información más escandalosa, pero más alla de estas inquitudes, más cercanas al chusmerío que a la geopolítica, los archivos desclasificados revelan con toda claridad la política exterior de colaboración con los Estados Unidos que Cristima imprimió deliberadamente a su Presidencia.

Queda claro que la Presidenta buscó deliberadamente jugar un rol de moderadora y puente entre los gobiernos más refractarios al entonces gobierno de Estados Unidos a cargo de George Bush, como el de Evo Morales en Bolivia o el de Rafael Correa en Ecuador.

Se trata de una revelación de tremenda importancia para entender la real posición política de los Kirchner, en un terreno en el que decididamente jugaron a la ambigüedad.

Los documentos sin embargo, no dejan mal parada a Cristina que según confirman los propios diplomáticos norteamericanos, siempre se preocupó por asegurarse que no estaba en riesgo la integridad territorial de Bolivia y la estabilidad del gobierno de Evo.

Los cables revelan que el ex canciller Jorge Taiana incluso realizó al menos tres llamados para disuadir al gobierno de Evo que avalara el ataque de militantes de su movimiento a la Embajada de Estados Unidos en La Paz, en una de la speores crisis que tuvo con la potencia del norte, a la que el mandatario acusa de conspirar para su derrocamiento.

Un telegrama de junio del año pasado, informa que el entonces ministro de Relaciones Exteriores argentino, Jorge Taiana, por expreso pedido del embajador de Estados Unidos, colaboró “para bajar la tensión en Bolivia respecto a Washington y garantizar la seguridad de la propia embajada en La Paz”.

“Taiana nos informa de que ha llamado tres veces al viceministro boliviano, Hugo Fernández Araujo, para insistir en esos dos puntos”, describe el cable. Los servicios de inteligencia del Departamento de Estado que conduce Hillary Clinton, destacaron además que la confianza que alcanzó Tom Shannon -ex subsecretario de Asuntos Latinoamericanos y actual embajador en Brasil- con los Kirchner, permitió esa gestión.

La Política Online ya había anticipado en su momento y hoy lo refrendó, el rol clave de esta funcionario en la región y en particular su afinidad con los Kirchner. Lo notable es que muchos de los cables que desde la región se enviaron al Departamento de Estado, fueron dirigidos él.

Como sea, la diplomacia norteamericana muestra a una Cristina trabajando como un factor es estabilidad en la región, muy lejos de algunas miradas que tildaron a su gobierno y el de su marido como “chavista”.

“CFK afirma que Argentina cooperará con el USG [Gobierno estadounidense] en Bolivia, pero que tenemos que ser cuidadosos para que no parezca que existe una “operación política” contra el Gobierno, dadas las sospechas de Evo [Morales]”, asegura el telegrama estadounidense.

En los cables se explica que Shannon había ya dado seguridades a Cristina que Estados Unidos garantizaba la integridad territorial de Bolivia -por esa época se temía que alentara una secesión del norte rico- e intentaba, con muy poco éxito, convencer a Evo Morales de que Washington no tenía nada contra él.

“Evo no es una persona fácil, nos confía CFK, haciéndonos notar que Argentina tiene problemas para conseguir que Bolivia le abastezca de gas natural. Todos necesitamos paciencia, nos dijo”, relata el entonces embajador en la Argentina, Anthony Wayne.

Además, en los informes se desataca al jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, como el miembro del gabinete más cercano a Estados Unidos.

La diplomacia norteamericana en acción

Un despacho enviado por la Embajada en Buenos Aires antes de la visita de Shannon en agosto de 2008 expone claramente cuáles son las demandas de Estados Unidos al Gobierno argentino: “Esperamos que Argentina desempeñe un papel positivo en evitar un conflicto y llevar a buen puerto la democracia en Bolivia; que influya en el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, para que se comporte con más moderación; que tome una posición más constructiva, madura y equilibrada en el conflicto colombiano y que influya positivamente en su contraparte venezolana”.

Ya bajo la Administración de Obama, y pese al enfado del Gobierno argentino porque se ha hecho público un documento de la CIA en el que se habla de la “inestabilidad económica” del país, lo que provoca una furiosa carta del ministro Taiana, y a que ya se han pedido informes sobre Taiana, la colaboración entre los dos países se mantiene razonablemente firme. La presidenta asiste en Chile al Foro de Líderes Progresistas, donde coincide con el vicepresidente norteamericano Joe Biden (a quien ya conoce gracias a su visita a la Convención Demócrata en 2004, donde también trató a Hillary Clinton).

Pocos días después, un telegrama de la Embajada norteamericana en Buenos Aires informa de que ha visitado la capital argentina (sin cobertura de la prensa) el candidato japonés a la presidencia del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA), Yukiya Amano, y que ha sido recibido por Taiana. Estados Unidos ha desarrollado una amplia ofensiva diplomática para conseguir que Amano ocupe el cargo y finalmente es la abstención crucial de la delegación argentina la que permite que el japonés acceda al OIEA, en julio de 2009. El consejero de la Embajada en Buenos Aires asegura que la secretaria de Estado, Hillary Clinton, telefoneó a Taiana para que convenciera a la presidenta para que cambiara las instrucciones de voto de la delegación argentina, “lo que permitió el apoyo al japonés y su victoria”.

También hubo lugar para el fastidio

Lo ocurrido en el OIEA no impide, sin embargo, que pocas horas más tarde un telegrama de la Embajada norteamericana describa, con fuerte enfado, el frustrado viaje de la presidenta Cristina Kirchner a El Salvador “en un intento fallido” para restaurar a Manuel Zelaya en la presidencia de Honduras. (Zelaya había sido depuesto por un golpe militar el 28 de junio de 2009).

La Embajada asegura que la presidenta actuó en contra de los consejos de su Ministerio de Asuntos Exteriores, que no quería que viajara a Centroamérica antes de que hubiera algún acuerdo “precocinado”. “Este episodio”, mantiene el informe norteamericano, “es otra muestra de la ineptitud de los Kirchner para la política exterior”. De hecho, el documento sugiere que Cristina tomó la decisión de hacer un “audaz gambito diplomático” para “sacar de la primera página” de los periódicos argentinos la noticia de la derrota electoral de su marido. Kirchner venía de perder las elecciones legislativas del 28 de junio de 2009.

El rol de Brasil

Los diplomáticos norteamericanos se esfuerzan, sin embargo, en evitar que Washington saque decisiones precipitadas de la derrota electoral de Kirchner. En el mismo telegrama se pronostica que Argentina “no se volverá más bolivariana” por la pérdida de las elecciones. Primero, opinan, por la influencia de Brasil (una fuente brasileña llega a decirles que “Argentina es tan importante para Brasil como México para Estados Unidos), y segundo, “porque CFK busca claramente cualquier oportunidad para asociarse con el presidente Obama”. “La intensidad de ese deseo abre oportunidades para nosotros”, se explica.

El peor momento en las relaciones ocurre durante la visita del nuevo secretario de Estado adjunto para América, Arturo Valenzuela, el heredero de Shannon. Sus declaraciones sobre la falta de seguridad jurídica en el país, despierta la furia de los Kirchner. La embajada intenta que se vaya suavizando el tono de las críticas y pide ayuda a quien considera uno de sus mejores y más continuos interlocutores, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández.

En ese marco, Fernández se lamenta de que la Administración de Obama no tenga en cuenta la firme postura de Argentina respecto a Irán, mucho más sólida que la brasileña. En otro documento, la embajada recoge la queja de Fernández de que exista la percepción popular de que la relación de Estados Unidos con sus vecinos, en particular con Chile y Brasil, es mucho más positiva. Es particularmente doloroso, explica Aníbal Fernández, según sus interlocutores norteamericanos, “porque la presidenta siempre apoyó a Obama”.