Martín Caparrós: "El Canal 7 es un engendro de propaganda rencorosa" – Politicaargentina.com

El escritor y periodista accedió a un reportaje en exclusiva con Política Argentina, e hizo hincapié en los temas más sensibles del proceso iniciado en 2003. Fustigó a la Televisión Pública y, principalmente, a 678, por ser un aparato que se usa para “criticar a quienes no estén cien por ciento de acuerdo con su discurso”, se distanció de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) por elegir el camino del matrimonio igualitario, y pronosticó que volvería a votar a Pino Solanas. Además, se prestó a un interesante intercambio sobre la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Hay algo de nihilismo en Martín Caparrós. En la hora que duró la entrevista, el escritor y periodista, vitalicio de la pléyade de literatos argentinos, se mostró visiblemente molesto con los medios públicos afines al oficialismo nacional, y no advirtió ninguna medida positiva de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Definió a la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual como “una pelea entre ricos argentinos” y se refirió al kirchnerismo como “un grupito político que no ha producido ninguna transformación, ni siquiera relativamente significativa de la estructura social y económica de la Argentina”.  

-Firmaste el documento que legitima la discusión sobre la despenalización del aborto. ¿Por qué?
-Hace muchos años que creo que las mujeres tiene derecho a decidir qué hacen con su cuerpo. Lamentablemente, un aborto es una situación a la que a veces no tienen más remedio que llegar, pero si es necesario tiene que poder ser hecho en igualdad de condiciones, y no como pasa ahora en la Argentina, que las mujeres de clase media para arriba puedan abortar sin ningún problema y en buenas condiciones sanitarias, y en cambio las mujeres pobres no pueden hacerlo, porque no tienen el dinero suficiente y la salud pública no se los permite. Me parece un sinceramiento de la situación.

-En una contratapa de Crítica, sugeriste que los comunicadores que tienen un peso en la opinión pública blanquearan a quiénes iban a votar. En ese momento, vos hablaste de Pino Solanas como el candidato que más te seducía. A la distancia, ¿cómo lo ves? ¿Volverías a votarlo?
-Falta mucho para que haya elecciones y por lo tanto un año de sucesos, campañas, pronunciamientos y debates, pero en principio, sí, lo volvería a votar.

-La crítica que se le hace a Proyecto Sur desde algunos sectores de la progresía argentina por su teje de alianzas con el Grupo A, ¿lo ves como algo defectuoso o crees que es una articulación propia de la política?
-Primero, no veo que haya tejido alianzas, como vos decís, con el Grupo A. Me parece que, en ciertas cuestiones muy puntuales, su voto coincidió relativamente. En temas como el 82 por ciento móvil, la propuesta de Proyecto Sur era muy distinta a la del resto del Grupo A en tanto que incluía las formas de financiamiento de ese 82 por ciento móvil, cosa que los demás no hacían. Pueden coincidir, aparentemente, en algunos puntos, pero en general tienen una posición bastante diferenciada.

-Respecto a la represión que sufrió la comunidad Qom en Formosa, vos la presentaste como una lógica propia de la dinámica del kirchnerismo, porque el Gobernador acompaña al oficialismo nacional. Si partimos de la base que un proceso que produce transformaciones no puede no ser contradictorio, sujetarse del accionar de un barón oportunista, ¿no es un análisis un tanto superficial?
-Estoy de acuerdo en que un proceso que produce transformaciones incluye ciertas contradicciones; me gustaría saber cuáles son las que produce este proyecto. Alcanza con ver cómo se sigue distribuyendo el ingreso; cómo la diferencia entre los ricos y los pobres, si no se mantienen igual, incluso aumenta; cómo todos los datos duros de la sociedad argentina se han modificado poquísimo en los siete años de kirchnerismo, y aquellos que lo han hecho tiene que ver con la comparación de esos datos con la realidad de 2002. Pero si se compara con el ’97, el momento culminante del peor gobierno neoliberal que tuvo la Argentina, esas cifras son muy, muy parecidas. Me sorprende que se pueda hacer de ese proceso una especie de épica cuasi revolucionaria.

-Te presentaría los datos que discutiste con Artemio López, pero falta Formosa.
-Con respecto al tema de Formosa, lo que yo decía era que me parecía el clásico movimiento pendular que siempre usó el peronismo –dicho con toda la sorna del caso. En un momento en el que les parece que tienen contenta a la fracción progre –porque es lo que ha pasado en los últimos seis meses- se dedican a tratar bien a otros sectores. Entonces, un gobierno que habla todo el tiempo de los Derechos Humanos, y del respeto a las diferencias, y del cuidado de las minorías, y etcétera, etcétera, etcétera, da muestras de simpatía con un Gobernador que acaba de mandar a su policía a reprimir y, finalmente, por desgracia, a matar a ocupantes de tierras. El hecho de que sean aborígenes o no aborígenes, para mí es irrelevante; la supuesta legitimidad que les da derecho de que su sangre esté un poco menos mezclada que la de sus compañeros de una villa miseria de 200 kilómetros más allá, me parece irrelevante; lo importante es que son pobres argentinos.

-Imagino que la re estatización de las AFJP, la ley de medios, el matrimonio igualitario han sido medidas que las has visto con buenos ojos. ¿Esas no te parecen transformaciones?
(NdeR: Acá se desgrega tema por tema, pero el entrevistado los desarrolló todos juntos. Por ese motivo, algunos aspectos se retoman más adelante)

-Re estatización de los fondos de pensión.

-La re estatización del sistema jubilatorio me parece una buena medida, llevo escribiendo a favor de eso hace 15 años, obviamente no podría no estar de acuerdo con eso, sólo que me incomoda que en muchos casos ese dinero se utiliza para otras cosas, no siempre demasiado claras, que tiene que ver muchas veces con la política clientelista del Gobierno.

-Ley de medios.

-En el caso de la ley de medios, hablé a favor de ella en varias oportunidades, con los reparos que tenía ya entonces, sobre todo el tema de quién es la Autoridad de Aplicación. Ahora, si la ley de medios se hizo con la justificación de democratizar el acceso a la difusión de la palabra, y si el ejemplo de qué es lo que esa ley va a conseguir, son los que ya están en la esfera pública…tengo que pensar en el Canal 7, que es un engendro de propaganda rencorosa de un pequeño sector, encabezado por su estandarte 678, digo “¡ay, Dios mío!”, la ley de medios es, otra vez, una truchada bajo pretexto de democratización, lo que se hace es concentrar en el Gobierno el control sobre esos medios para utilizarlos como armas contra cualquiera que no esté un cien por ciento de acuerdo con su discurso.

-Matrimonio Igualitario.
-A mí personalmente no me interesa lo escrito, me he ganado el abucheo de muchos amigos gays, pero no estoy a favor del matrimonio, nunca me casé, uno no tiene por qué pedirle permiso al Estado o a la Iglesia para hacer lo que uno quiera hacer en su cama o su comedor. Siempre me parecieron interesantes ciertas posiciones de la comunidad gay, y las vengo apoyando desde hace muchísimos años. Pero me interesaban cuando eran un sector que se ponían en contra de ciertas instituciones como el matrimonio, porque al estar excluidas de ellas, lo que hacían era una crítica muy radical. Ahora, que lo que quieren es estar integrados dentro de esas instituciones contra las que yo estoy, bueno, está bien, es su asunto, si tienen ganas de integrarse, háganlo, muchachos, pero ahí yo ya no tengo nada que ver.

-Hablabas de Canal 7 como un aparato de propaganda. ¿No es un error detenerse en esa señal sin siquiera analizar el mapa de medios hegemónico de los medios privados?
-Los medios privados son un aparato de propaganda de sus dueños, de sus empresas y de los sectores a los que esas empresas representan. El Estado no puede ser eso; a mí no me parece mal que un sector político que ocupa el Gobierno tenga su aparato de prensa. Entonces, que se busquen la vida, que busquen dinero –no público-, tienen muchísimo de todas maneras, no hay que preocuparse por su salud financiera. O que hagan medios sin dinero; supuestamente son tan militantes. No estoy de acuerdo con que los medios del Estado, que son de todos los ciudadanos, sean copados por cuatro o cinco, que los
usen para atacar a una buena parte de sus ciudadanos. No veo por qué eso se justificaría por el viejo curro de que los enemigos son esto y lo otro. ¡Sí, los enemigos son una mierda! Cuando ellos estaban viviendo de Clarín, de La Nación, y de todos esos grupos a los que vos no querés nombrar, habíamos algunos que ya lo decíamos, que lo dijimos siempre. Que esos grupos de presión son nefastos para el funcionamiento de la Argentina; pero que no me corran más con que como ellos se pelearon como un socio comercial que tuvieron durante varios años, ahora hay que aplaudirlos y apoyarlos. Son problemas de plata, de negocitos, entre ricos argentinos.

-Justo vos, que durante mucho tiempo dijiste que esos grupos eran nocivos para la calidad democrática de la Argentina, cuando viene un programa como 678, que ante esas empresas funciona como contrahegemónico, presentás críticas furiosas.
-Yo no hice críticas al medio público…

-Hace dos minutos dijiste que era un aparato de propaganda rencoroso.
-Sí, lo estoy diciendo ahora, y por eso pongo énfasis en la palabra rencoroso, después de que se han pasado casi un año dedicándome una cantidad de insultos, que se los agradezco, pero soy lo suficientemente modesto como para saber que no merezco tanto. No creo haberme ocupado demasiado de ese aparato, antes que ese aparato se ocupara de mí, y ahora tampoco quiero ocuparme demasiado. No me interesa ceder a este chantaje por el cual los enemigos de mis enemigos –todo con muchas comillas- son mis amigos, esa idea es absolutamente peligrosa. El ejemplo es muy extremo y quiero que aclares que lo es, pero cuando en los primeros ’40, algunos nacionalistas argentinos encontraron que había un alemán que se oponía al gran enemigo de la nación Argentina, que siempre había sido Gran Bretaña, y entonces les pareció que tenían que hacerse amigos de Hitler, me parece que se equivocaron. Que un gobierno que durante cinco años hizo todo tipo de negocios con el monstruo monopólico, que de pronto un día se despierte y descubra que en el año ’76 el diario Clarín hacía tapa a favor de los militares -aunque era la época en que Kirchner y compañía tampoco estaban muy incómodos con los militares, pero ése es otro problema-, por un problema que nunca sabremos cuál es… ¡no me jodan!

-Está claro que Néstor Kirchner impulsa la ley de medios por la pelea con Clarín, a partir del conflicto con las patronales agropecuarias. ¿Pero importa tanto el por qué o habría que darle más relevancia a que se haya hecho? La ley es un proyecto que llevaba 26 años de elaboración.
-Por supuesto que importa por qué se hizo, porque al analizar por qué se hacen las cosas, se puede llegar a vislumbrar cómo se van a hacer las cosas.

-Pero el Gobierno puede perder las elecciones.
-¿Y?

-Que puede asumir uno de distinto signo que maneje la ley…
-…que maneje los medios públicos para su conveniencia particular.

-No, que aplique la ley de un modo que, en este caso vos, lo consideres apropiado, y la ley es la misma.
-Sí, pero eso no quita…yo no digo que la ley es una mierda. En estas circunstancias, con este Gobierno que hace este uso de los medios públicos, me parece que los efectos de esta ley no son los que uno esperaría que tuviese. Vos me decís: “¿importa por qué se hace?”; claro que importa.

-¿Y qué importa más, el por qué o el qué? Me resulta curioso que estén al mismo nivel de relevancia.
-No, no están al mismo nivel, importa más el por qué que el qué.

-¿Más el por qué que el qué?
-¡Sí, porque el por qué define el qué! El qué no es la ley como texto; si vos te fijás en el texto de la Constitución del ’94 este país debería ser una mezcla de socialismo, ácrata, gobernado por instituciones maravillosas con trabajo para todos, vivienda para todos, bla bla bla. El texto es el texto. El qué no es el texto; el qué es la forma en la que ese texto puede aplicarse en la práctica, y eso está homogénea y completamente definida por el por qué.

-Entonces, lo que vos planteás obedece a la coyuntura de que quien está en el poder es Cristina Fernández de Kirchner, porque si, eventualmente, Pino Solanas es Presidente, a tu criterio, usaría la ley correctamente, aferrándose al texto.
-Está bien, pero ¿sabés lo que pasa? Me parece que no hay que sobreestimar el famoso peso de la Ley. Las leyes son textos que dependen del juego de poderes, y si no hay un poder que quiera llevarlo adelante da igual que estén las leyes escritas.

-¿Lo entendiste como un punto de inflexión la Plaza de Mayo luego de la muerte de Néstor Kirchner?
-No pude ir a la Plaza.

-¿Y no viste las imágenes?
-No, no miro televisión.

-Imagino que te habrás enterado del fenómeno.
-Eso dicen, pero te voy a decir algo al respecto: yo había estado hace cinco días en la Plaza de Mayo con la efervescencia, para usar tu término, que provocó la muerte de Mariano Ferreyra, y éramos muchos en una convocatoria que no había sido difundida de ninguna manera. Entonces, tampoco me extraña tanto que una semana después, con todo el aparato del Estado, y del partido del poder en Argentina, puestos al servicio de la convocatoria en esa plaza, haya habido, a lo largo de tres días, una cantidad significativa de gente.

-En una nota de hace pocos días, hablaste de una “primavera kirchnerista militante joven”. ¿Realmente entendés que es algo pasajero y que no va a trascender, aunque más no sea al corto plazo?
– Si es el aparato de La Cámpora y adyacencias, conducido por empleados públicos de alto nivel, bueno, yo no llamo a eso militancia. Pero eso es lo visible, no sé si, además, hay un fenómeno que todavía no es claramente perceptible, que habría, entonces, que seguir pensando.

-¿Ves una alternativa real de poder a la izquierda del kirchnerismo?
-(Piensa varios segundos) No lo sé, me gustaría creer que sí, pero temo que estos siete, ocho años de kirchnerismo hayan servido sobre todo para descalificar y deslegitimar cualquier curso de cambio social y económico. Me parece que demasiada gente se va a reír por lo bajo cuando en la Argentina se diga “redistribución de la riqueza” en los próximos no sé cuántos años, porque lo viene diciendo sin cesar desde 2003 un gobierno que nunca hizo nada en ese sentido. Entonces, temo que lo que estén haciendo sea la posibilidad de cargarse un proceso de cambio en serio, por algún tiempo. Quizá, no; ojalá me equivoque.

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