Sobre la vida a la izquierda de los K – Página/12

“El debate del año, no se lo pierdan”, decía un joven militante de En Clave Roja, la agrupación universitaria de Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Eran las 19 del jueves y el hall de la Facultad de Ciencias Sociales empezaba a llenarse de público. “El movimiento kirchnerista depende de una persona, supongan que Cristina se deprime porque le prima más el pesimismo que la esperanza y no va a ser candidata, ¿qué pasaría? ”, provocó Christian Castillo, dirigente del PTS, director del Instituto de Pensamiento Socialista (IPS) Karl Marx que organizó el encuentro, y candidato a vicepresidente del Frente de Izquierda (FIT).

En la presentación aparecieron las únicas coincidencias, todos son docentes universitarios. Además, María Pía López, Horacio González (director de la Biblioteca Nacional), ambos miembros de Carta Abierta, comparten la profesión de sociólogos y ensayistas con Castillo y Eduardo Grüner, quien, al igual que Pablo Alabarces, puso su firma en adhesión al FIT.

“Es un gran momento para el PTS y para nosotros”, arrancó González, y abordó, con lujo de citas, la llamada cuestión nacional, la fascinación de las izquierdas por las cuestiones populares y la atracción de la lucha de clases “que aparece de manera compleja, pragmática y ambigua en los movimientos nacionales”. Destacó que “en los movimientos nacionales es menor potencialidad temática y mayor componente popular, mientras que en la izquierda se da a la inversa”. Cerró su primera intervención afirmando que “el momento actual es delicado, profundo y de enorme atracción, con mi esperanza explícita, que no prosperará sin debate respetuoso”.

Alabarces contó la sorpresa que provocó su firma de apoyo al Frente. “Parece que mi imagen quedó congelada en aquel apoyo a Pino Solanas en 2009”, dijo. Para Alabarces “peronismo de izquierda es un oxímoron, una contradicción imposible”. Luego, relató que “desde el ’89 cada año recibía la llamada de compañeros del peronismo auténtico, que fueron los que conformaron el grupo Calafate”. Pero finalmente se posicionó con una frase de Antonio Gramsci que sería utilizada luego. “Creo que es más necesario radicalizar el pesimismo de la inteligencia antes que caer seducido por el optimismo de la voluntad, que es lo que aqueja a los compañeros vinculados a esta nueva izquierda peronista”, dijo. Y lanzó: “Lo mejor que le puede pasar al kirchnerismo es un crecimiento enorme del FIT”, sentenció.

María Pía López redobló la apuesta diciendo que al kirchnerismo lo beneficiaría el crecimiento “no sólo del Frente, sino también del solanismo y de la conflictividad social”. Para la socióloga, “el pesimismo de la razón podría llevarnos a considerar negativamente mucho del kirchnerismo, pero también nos puede llevar a suponer que no hay posibilidad de una autonomía de clase en las condiciones reales de los sectores populares argentinos”. Y agregó que ese concepto plantea “cuál es el grado de escepticismo que pueden tolerar nuestros cuerpos y almas”. Y confesó: “Cuando estoy optimista pienso que ciertas formas reparatorias, democratizantes del kirchnerismo son un paso hacia otra cosa, y cuanto más reconciliada estoy con la época es porque estoy más pesimista, porque lo que viene es un cierre feroz en el que esos pedacitos emancipatorios serán un saldo a liquidar y vendrá la revancha”. A su criterio, “este momento histórico merece compromiso porque fue capaz de interpretar y profundizar elementos democratizantes del 2001, como la no represión a los movimientos sociales y reparaciones como la Asignación Universal por Hijo”.

El anfitrión Castillo habló como en un acto de campaña. “El kirchnerismo no está contento con el aumento de la conflictividad social, con 50 días de huelga en Santa Cruz”, confrontó con López. “La intelectualidad kirchnerista construyó que a la izquierda no había nada, que las luchas de la izquierda eran funcionales a la derecha, como la lucha ferroviaria que incomodó mucho a un sector de la izquierda K porque terminó en el asesinato de Mariano Ferreyra por la patota de Pedraza, apañada por el Estado en un negocio en el que fue socio de la Unión Ferroviaria”, enumeró. “Cada vez que el movimiento de masas tendió a superarlo por izquierda, el kirchnerismo estuvo del otro lado, tuvo una política de domesticación, contención y esterilización de los movimientos populares”, agregó para enseguida demandar a los intelectuales kirchneristas que se pronuncien en contra del procesamiento de “4 mil compañeros por luchar”. Según dijo, “no te reprimen a veces, aunque sí a los qom y en el Indoamericano, pero te persiguen judicialmente en forma implacable”.

Grüner afirmó que “la clase dominante aprendió que bajo el actual gobierno se pueden hacer buenos negocios, lo cual ahuyentó todo peligro destituyente, y hacen cada vez más necesaria una oposición de izquierda”. Retomando el debate sobre la “batalla cultural”, indicó que “cuando allí surge el exceso se puede apreciar que los enemigos no lo eran tanto, tironeaban respetando las coordenadas de la misma lógica hegemónica”. Grüner afirmó que “hay muchísimo a la izquierda del kirchnerismo, como en Neuquén, donde la sociedad cometió el exceso de elegir a un obrero de una fábrica recuperada, y algunos decidimos apostar a que haya muchos más excesos, no 6, 7 u 8 sino miles de excesos”. El público aplaudió.

En la réplica, González se quejó del “menosprecio a la conciencia de miles de personas” porque “hay una voluntad popular no cooptable”. López enfatizó la incapacidad de la izquierda de asumir sus fracasos y lamentó que se atribuya al kirchnerismo cero poder para construir, porque sus logros solo serían producto de un viento de cola externo, y máximo poder de manipular, corromper y cooptar. “Es más fuerte que Kaos”, bromeó. Cerca de las 23, la señora que había cuestionado a Castillo por no ver “nada de lo bueno”, entre enojada e indignada le dijo: “Mire, mi mamá tiene su jubilación gracias a este gobierno y eso no es poco”. Y se fue.