"La aplicación de la ley tiene tres obstáculos: el gobierno, la oposición y los medios concentrados" – lanacion.com  

El académico, que impulsó el nuevo marco regulatorio y lo defiende, analiza el avance de la aplicación de la norma

Por José Crettaz  | LA NACION

Martín Becerra es doctor en comunicación, investigador independiente del Conicet, profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Dedicó buena parte de su trayectoria académica al estudio de la concentración de medios, sobre lo que tiene varios libros publicados. Desde su cátedra fue un defensor de la ley de medios, a la que considera un gran avance respecto de la situación previa. Sin embargo, a diferencia de muchos de sus colegas, también es un crítico contundente de algunos aspectos de la norma y, principalmente, de cómo el Gobierno está llevando adelante su aplicación.

Para Becerra, la ley peca de “generalista” al darle el mismo tratamiento a situaciones totalmente distintas, “no es una norma preparada para la convergencia de medios” y carece de un capítulo que determine cómo se van a financiar los nuevos medios.

-¿Cómo se está aplicando la ley?

-La ley es compleja de poner en funcionamiento rápidamente. Por naturaleza, por su complejidad y por los temas que regula no existe esa posibilidad ni aún en un contexto más favorable que el actual. Actualmente tres obstáculos frenan la instrumentación de la norma: el propio Gobierno, la oposición y los grupos privados concentrados. El Gobierno porque está obsesionado con algunos artículos de la ley que están inspirados en la disputa con el grupo Clarín. Entonces enfoca la aplicación de la ley traccionando por el objetivo de atacar, disminuir o erosionar el poder que tiene el grupo. Los grupos privados evidentemente defienden sus intereses acostumbrados a muchas décadas de una regulación funcional con gobiernos dóciles, incluido el de Néstor Kirchner. Y, por último, la oposición política, que boicoteó la integración de los órganos republicanos de control, lo que le hace poco favor a su prédica republicana.

-¿Es una ley generalista?

-La ley peca de generalista, por ejemplo, porque no es lo mismo retransmitir 24 horas contenidos de un canal analógico de televisión de Capital Federal donde la oferta en cada localidad es limitada. En FM, el espectro analógico permite que haya cantidad de oferta, y recibe un tratamiento similar. En general, la ley está redactada tomando como referencia las grandes ciudades argentinas y no está redactada pensando en la mayor parte del territorio, donde no hay grandes ciudades.

-La Argentina decidió regular radiodifusión y telecomunicaciones por separado, ¿es eso correcto?

-Es un error. Hay que pensar en términos de leyes convergentes. No se puede tener un objeto de regulación convergente y leyes divergentes. Así, el Estado tiene una mirada esquizofrénica. Un fracaso de la oposición de centroizquierda es haber impedido que las telefónicas puedan dar TV por cable. Las telefónicas están y seguirán estando en el negocio de los medios, en lugar de prohibirlas el Estado debe exigirles contraprestaciones sociales.

Tenemos países que separan y otros que tienden con mucho esfuerzo a converger también en la regulación. El desafío es mayor pero podés lograr una mirada integrada. La sociedad no ve esto como algo dicotómico. La gente va a la cancha de fútbol con el celular y escucha el partido por el celular, y de ahí la famosa oposición de Victor Hugo Morales a Mariotto y al Comfer cuando en 2008 se impidió que Prisa transmitiera el mismo contenido en cadena Continental y en la FM 104.3. Víctor Hugo en ese momento tuvo una posición muy dura. El mismo discurso que tienen hoy los grandes medios.

-¿Qué te parece el caso del programa de Juan Pablo Varsky, por citar un ejemplo, que dejó de transmitirse en las repetidoras de Rock&Pop en el interior? Ante sus oyentes, Varsky -que apoyó la sanción de la ley- dijo que le parecía bien la medida porque eso generaba posibilidades de trabajo y contenidos locales. Pero en Córdoba, como en la mayoría de las ciudades del país no falta diversidad de contenidos, al contrario. Es probable que haya allí unas 50 FM y la salida de Varsky del aire no suma sino que resta diversidad. ¿No va la ley en este punto contra su propio espíritu?

-En primer lugar, la ley no dice que no pueda transmitirse a Varsky, dice que esa repetidora no puede retransmitir las 24 horas la programación de Buenos Aires y tiene que elegir en ese horario entre Varsky y Mario Pergolini. En segundo lugar, la gente que quiere escuchar a Varsky lo va a seguir escuchando por Internet. Afortunadamente estamos en un escenario tecnológico que lo permite. Los estudios que hay de consumo de medios de las nuevas generaciones dicen que el consumo audiovisual se hace en paralelo a Internet.

Hay un consumo de medios que desborda la posibilidad regulatoria de esta ley y posiblemente de cualquier otra. En ese sentido no me parece preocupante, si estuviésemos en 1989 me parecería más preocupante. Hoy hay métodos alternativos que son las nuevas tecnologías, sobre todo para los oyentes de Varsky que seguramente son duchos en el consumo de ese tipo de medios. Por otro lado, si hubiera un mercado tan consistente en córdoba para escuchar a Varsky seguramente habría algún empresario que iría con la propuesta a Rock&Pop.

-¿Será posible ordenar el espectro sin afectar el statu quo, es decir sin sacar emisoras del aire que aunque de manera ilegal hace años que transmiten?

-Es posible porque la ley cuenta con un hecho contemporáneo que es la digitalización del espectro. En ese punto hay una coincidencia entre la intención regulatoria y las condiciones tecnológicas que facilitan esa intención si se aprovecha bien. La multiplicación del aprovechamiento del espectro derivada de la digiltaizaicón facilitará la posibilidad de no ser arbitrarios con los operadores existentes pero al mismo tiempo dará la posibilidad técnica y política de habilitar nuevos actores. Otra cosa es el gran interrogante de tipo económico porque no se va a poder pagar con la torta publicitaria.

-Ni siquiera sumándole la pauta publicitaria oficial

-Ahí tengo una diferencia con algunos especialistas que reducen la cuestión de la economía a la torta publicitaria comercial más la pauta oficial, no es sólo eso.

-De hecho, hoy buena parte de la producción se sustenta con lo que se paga de abono al cable.

-Y también por el alquiler de espacios, entre otras cosas. Por ejemplo, ¿bajo qué condiciones se van a poder transferir, vender y comprar los nuevos medios? Supongamos que, como ocurrió en otros países, tengamos casos exitosos, pero en otros casos algunas señales o canales que el Gobierno licite no resulten comercialmente viables. ¿Se va a exigir como dice la ley que la licencia sea devuelta al Estado y este organice un nuevo concurso? ¿Se va a autorizar directamente como sucede con [Daniel] Hadad, [Raúl] Moneta, [Sergio] Szpolski y tanti altri? ¿Se va a permitir de facto que haya un mercado negro de compra y venta de licencias al que la mayoría de los argentinos no estamos invitados? ¿Cómo es el tema? Esto tiene que estar claro también. Lo que sería inconveniente es que se regule ex post, que es lo que sucede en la historia de la regulación de los medios en Argentina.

-DirecTV, que tiene una imposibilidad técnica para subir a su oferta todos los canales que le pide Afsca, le está proponiendo al Estado que sus decodificadores incluyan un sintonizador que pueda captar por aire los canales de la televisión digital terrestre. ¿Sirve hacer una televisión digital, abierta, terrestre y gratuita si la gente la va a ver por cable?

-O por Internet.

Eso no sería tan grave. Acá hablamos de que la gente está abonada al cable o satélite y está pagando a un privado para ver la televisión abierta, que se supone que es gratuita. En la misma situación está el Fútbol para Todos.

– Lo que el Gobierno te contestaría es que se va a garantizar un acceso abierto, otra cosa es que esos servicios se incorporen en el menú. Sería como preguntarse si tiene sentido que Canal 7 esté en el menú de Cablevisión. Sí, tiene sentido

– En el caso del fútbol, cualquiera sabe que la mayor parte de la audiencia ve los partidos por cable por la alta penetración que tiene. Pero si había alguna duda, la despejó la última fecha del torneo anterior, cuando el Estado se quedó sin suficientes pantallas (por los múltiples partidos simultáneos) y Crónica y Canal 26 transmitieron partidos en exclusiva. Todavía peor es con el HD: sólo ven alta definición por aire y gratuitamente los pocos hogares que tengan televisor full HD entre los 600.000 que ya tienen el decodificador que reparte el Gobierno.

-No se cómo vas a resolver esto en la entrevista, pero lo que te voy a decir es lo siguiente. Yo creo que la sociedad paga el fútbol. Sea Clarín o sea el Gobierno con el programa Fútbol para Todos supuestamente en abierto: en ambos casos la factura la paga la sociedad, ya sea por la publicidad, es decir el incremento del costo de los productos que se anuncian publicitariamente

Ver fútbol exige que la sociedad pague, no es gratis ver fútbol. Luego, ¿prefiero que esa transmisión, dado que la paga la sociedad tenga derechos de televisación exclusivos y sólo lo puedan ver los que pagan o lo incluyo en un menú de TV abierta? Prefiero esta última perspectiva. Desde ya te adelanto que, desde luego, creo que las condiciones de transparencia de manejo de esos recursos deberían cambiar de manera copernicana.

En cuanto al ejemplo de la última fecha, mi lectura es que faltó planificación. No lo veo como una prueba de que el modelo falle, creo que es un error. Es un problema claro de planificación, de la improvisación con la que el gobierno maneja buena parte de los asuntos públicos. No lo veo adrede, si el gobierno hubiera sido capaz de preverlo seguramente no hubiera ocurrido. No cuestiona centralmente la idea de que el fútbol esté en abierto. Luego que efectivamente por las condiciones de funcionamiento del mercado de TV en Argentina sólo las grandes ciudades tengan canales de TV que puedan transmitir en abierto porque el resto del país tiene un menú de TV de pago, eso no cuestiona el Fútbol para Todos, en todo caso alentaría los esfuerzos para maximizar el acceso a través del programa de decodificadores. Además, me parece una buena medida haber empezado por los sectores más pobres, con mayores carencias de la sociedad con la implementación de esta tecnología.

-¿Es razonable que el Ministerio de Planificación sea uno de los principales productores de contenidos audiovisuales del país?

– Eh. No. No parece que esté entre sus funciones producir contenidos audiovisuales.

-Es un producto conjunto entre Planificación y el Incaa, pero fondos salen del ministerio que conduce Julio De Vido.

-Del elitismo que subyace a las gestiones del Incca. Esto no me va a ganar amigos entre los productos cinematográficos, pero la verdad es que tienen una mirada sobre la cultura masiva muy distinta de la de los productores televisivos. En definitiva, no parecen ser funciones de Planificación, sí del Incaa y también podría hacerlo la Secretaría de Cultura o Radio y Televisión Argentina SE (RTE) si funcionara como un ente efectivamente con cierta autonomía del Gobierno, que no es el caso y si la oposición se dignara a integrar el directorio. De todas formas, no es lo mismo criticar la esfera donde se está haciendo y la falta de transparencia con la que se hace que criticar que no se hace. Prefiero criticar las condiciones en las que se está haciendo.

– Alguna vez publicaste una columna sobre los encuentros entre Néstor Kirchner y Héctor Magnetto y venís estudiando procesos de concentración de medios y la formación de grandes grupos ¿Qué te imaginás que pasó entre Kirchner y Magnetto?

– Me imagino que hay un problema de negocios pero la explicación que le dio Kirchner en una entrevista a Horacio Vertbitsky en enero de 2010 en el sentido de que Clarín le pide participar de Telecom Argentina para mi no es una explicación satisfactoria.

– También hay una explicación de Magnetto recogida en el libro de Luis Majul, según la cual Kirchner le habría pedido apoyo al empresario durante el conflicto con el campo, y Magnetto le habría respondido que sus medios iban a ser objetivos.

-Para mi son visiones muy cándidas. Sobre todo si se tiene en cuenta a Magnetto como cabeza del grupo Clarín y a Kirchner como cabeza del estamento político gobernante de la Argentina. Para mi Kirchner no fue un loco, sino un político muy representativo del sentir de muchos otros políticos que no supieron, no quisieron o no se atrevieron a avanzar como él. Kirchner y Magnetto, en el período 2003-2007, hicieron enormes negocios beneficiosos para ambos en términos cortoplacistas con recursos públicos, de modo tal que esto que me piden Telecom y entonces le están tocando la ética. Si firmaste el decreto 527 en mayo 2005 [extensión de licencias de TV abierta], si autorizaste el último día de tu mandato la fusión Cablevisión-Multicanal y en diciembre de 2004 prorrogaste 10 años, a libro cerrado sin mirar si se habían cumplido las cláusulas de la licitación de 1989, no vengas a decir que te están tocando la ética y que vos no podés ceder y tal. Y por el lado de Magnetto, no vendamos objetividad periodística cuando Clarín durante el período 2003 hasta marzo de 2008, incluido, tuvo una línea editorial absolutamente oficialista.

No conozco verdaderamente los motivos pero sí se que las explicaciones no se condicen con la historia, y no estoy ni siquiera juzgándolos. Simplemente no se sabe. Es una incógnita importante que los investigadores tendremos que trabajar porque es uno de los factores que explican el momento político post 2008 en la Argentina.

-En un mundo globalizado en el que todos los países quieren tener su impronta internacional, transmitir su cultura, su identidad y demás, ¿los grupos económicos tienen un lugar para jugar? En otras palabras ¿Brasil vendería tantas telenovelas si no existiera Globo, o México si no existieran Televisa y TV Azteca?

– Sí, es verdad que son actividades que requieren de una escala económica que tiende a la concentración. Lo que hacen muchos países es regular hasta cuánto se permite esa concentración y es regular algo que a mi me parece central y que en la cultura política argentina no está presente (tampoco en la brasileña ni en la mexicana) que es definir cuáles son las contraprestaciones que se le exigen a los grupos entendiendo que esa concentración está sostenida sobre un privilegio que ese grupo puede detentar y los otros no. Yo diría, mire señor Telefónica, dado que la explotación del servicio telefónico tiende a la concertación yo le exijo tales contraprestaciones porque le tolero ser un operador predominante. Lo mismo para Clarín, Globo o Televisa. Hay algo que muchos otros colegas y yo trabajamos que es la noción del patrimonialismo, la apropiación de los recursos públicos por parte de un grupo estatal o privado.

Primero, son actividades la cinematográfica, la editorial, los medios audiovisuales vinculadas a la cultura y la identidad, sí lo son. Segundo, son actividades que requieren escala económica, sí la requieren. Tercero, grupos económicos que producen en el país pueden estimular que haya una representación de esa identidad y esa cultura, sí, también estoy de acuerdo. Con lo que no estoy de acuerdo es en el hecho de que porque se respondió que sí a estas condiciones es piedra libre y tierra arrasada para que los grupos por un lado y el estamento político por el otro negocien condiciones ocultas para el resto de la sociedad acerca de cómo esos grupos ostentan su posición dominante sin dar cuenta de la responsabilidad social que tienen y yo creo que lo que sucedió con los derechos de retransmisión del fútbol es una muestra de eso.

Si tiene una posición dominante, tiene que tener la sensibilidad o la conciencia cultural de que debe de alguna manera beneficiar a la sociedad que está sosteniendo esa posición dominante. Porque no se da porque sean genios, sino que eso se construye con medidas políticas y económicas. El grupo Godó en Cataluña es un grupo que consigue del estamento político favores y posiciones, por ejemplo en TV digital, que no todos los grupos consiguen y por supuesto si yo viviera en Cataluña criticaría esas condiciones, pero son distintas a las que se establecen entre estamentos políticos y grupos concentrados en nuestros países, totalmente patrimonialista, donde no se ve el rendimiento de rendición pública de cuentas y de dónde está el beneficio para la sociedad. Por ejemplo, si tiene una posición dominante en cinematrografía o en editorial, pues produzca en el interior del país. ¿Hace falta un enfrentamiento tan binario como el que estamos viviendo para ver que hace falta producir en el interior del país?

-¿Cómo resolvieron esto en otros países o bloques? Pienso en Bertelsmann en Europa, News Corp, Time Warner o Viacom, en Estados Unidos…

-Es una tensión muy difícil de resolver y sobre la que existen leyendas algunas dignas de crédito, por ejemplo el caso de Telmex y el PRI que no son precisamente ejemplos virtuosos. Ahora en Gran Bretaña esa tensión se resuelve a través de una fuerte inversión en actores públicos. La decisión de la BBC con la TV digital terrestre ha sido lanzar plataformas de libre acceso que compiten con Sky y donde le han comido gran parte del mercado de abonados. Claro, son actores públicos no gubernamentales. De paso te digo que me parece una aberración lo que se dice acerca de que nosotros no podemos tener una BBC porque no forma parte de nuestra idiosincrasia

-Bueno, sin ir más lejos, el propio Gabriel Mariotto ha dicho en 678 que el diseño de Radio y Televisión Argentina (RTA) es mejor que el de la BBC.

-Sí, también ha dicho que es de tilinguería. Yo les contesto que la esclavitud fue parte de nuestra idiosincrasia hasta 1813 y hubo una asamblea y dijo esto está mal. Que tengamos medios gubernamentales desde 1951 en televisión y desde el 1937 en radio en Argentina a mi no me sirve como consuelo, me sirve como una importante prueba de que eso no funcionó bien y de que hay que cambiarlo.

– ¿Qué opinás de la prohibición de las telefónicas de ingresar en el negocio audiovisual?

– Eso es un fracaso. Las telefónicas ya están en el negocio de los medios. Telefónica esta en el negocio de los medios mucho antes de la ley, en Telefe y en ocho canales más estuvo antes en Radio Continental. Estuvieron, están y estarán. Me parece que en lugar de prohibirlo, lo que es una crítica a la oposición de centroizquierda, que estaban convencidos de que el gobierno quería meter a las Telefónicas para hacer su propio negocio. Eso era posible, pero quitarlas del medio no fue la solución. Ahí se nuevo se trata de qué contraprestaciones se le exigen a las telefónicas, se le puede decir como ha hecho Gran Bretaña usted tiene que desagregar el bucle local. Puede ser la plataforma para dar triple play, desagregue la llegada a los hogares, estimulando la existencia de pymes, de cooperativas, de empresas de mediano tamaño para que agreguen valor en la última milla. Otra es que desinviertan en telefonía, o regulando las tarifas de telefonía móvil para revertir esta situación complicada que es que los pobres subsidian a los ricos a través de las tarifas desreguladas de la telefonía móvil y las reguladas de telefonía fija de los que tenemos domicilio. Reflotar parte del decreto 764 de Henoch Aguiar de 2000.

-¿Habría un beneficio real en términos de mayor competencia?

-Sí, con un regulador atento y activo y con una sociedad que tenga la atribución de auditoría del funcionamiento de ese mercado las mejoras serían sustanciales sobre todo para los sectores de menores recursos.

-¿Hay desconocimiento sobre la nueva realidad sociotecnológica? ¿Hay una mirada antigua de los dirigentes sobre la tecnología?

-Estoy de acuerdo con vos. Hay un poco de todo. Primero hay un desconocimiento que aunque dispusieras del MIT y demás igual habría desconocimiento. Hay una dinámica de evolución de la tecnología y de uso social de la tecnología que es difícil de prever de modo concluyente por lo tanto hay ignorancia de parte de todos. Por supuesto, hay una batalla política innegable que se asume así, con lo cual al enemigo. ni agua, y como se dice siempre la primera víctima de la guerra es la verdad. Hay un aprovechamiento simplista para cohesionar la propia tropa y debilitar el ánimo del oponente, enemigo o adversario. Me parece que en Argentina y muchos países de América latina no observamos con la debida atención el saldo que deja y que nos daría una ventaja comparativa importante la implementación de algunas tecnologías que han hecho la experiencia antes que nosotros. Si tuviéramos una mirada atenta sobre esos procesos posiblemente evitaríamos errores y aprovecharíamos sus méritos. A la dirigencia argentina la veo siempre muy atenta a lo inmediato, y eso en el corto plazo puede ser eficaz, da alguno que otro rédito, podés ganar una elección. Pero hay una falta de visión de medio y largo plazo.

-¿Cómo te imaginás el consumo de medios en los próximos años?

-La juventud está viviendo un proceso de migración hacia el consumo de medios en soportes digitales. La facturación publicitaria de los medios analógicos en Argentina obedece a una inercia porque las audiencias estás migrando. Sólo se explican porque los planificadores de medios son de mi edad o mayores. Cuando esos planificadores cambien, seguramente va a cambiar la inversión publicitaria como ya cambió de modo drástico en los países del Norte, donde la digitalización está más avanzada. Creo que la Argentina tiene una peculiaridad que es un interrogante que nadie conoce cómo se va a resolver, que es su altísimo consumo audiovisual por cable. A mi me parece que es difícil que eso cambie en el corto plazo, pero si a largo plazo. El consumo audiovisual se realiza cada vez de manera más masiva por medio de Internet y convengamos que acá tenemos Netflix criollos mejores aunque absolutamente truchos.

-Estamos pasando de lo analógico a lo digital, un mundo en el que empezamos a ver medios convergidos. Pero además, pareciera que vino otra ola que es la de medios híbridos, atravesados por las redes sociales..

-Las nuevas tecnologías discuten la lógica de flujo continuo pero la lógica de producción de flujo no se rompe. El consumo que hay sobre nuevas plataformas sigue siendo el consumo en el que uno, como usuario, busca descargar contenido que no produjo. En las redes sociales hay una gran masa que ve pero que no necesariamente crea y muy pocos que crean contenidos, y eso supone reciclar el viejo contenido. Creo que eso tiene que ver con la cultura y no con la tecnología. En ese sentido difiero con profesores o autores que son muy optimistas sobre la posibilidad de ruptura de las nuevas tecnologías, el problema no es tecnológico sino cultural. Nosotros somos usuarios intensivos de cultura audiovisual..

Una ley de tierras para cosechar más votos – lanacion.com  

Por Carlos Pagni | LA NACION

A medida que se acercan los comicios es más fácil entender por qué Cristina Kirchner se empeña tanto en reclamar la sanción del proyecto de ley que limita la propiedad extranjera de la tierra. Y por qué sus adversarios se muestran, como ayer, muy remisos a darle el gusto.

La iniciativa reúne varios rasgos que la convierten en un formidable vector proselitista. No sólo tiene la dosis de nacionalismo indispensable para desatar las inclinaciones xenófobas de un buen número de votantes. Hay otra conveniencia para la presidenta-candidata, y es que la propuesta siembra el desconcierto entre sus rivales.

Casi toda la oposición ha venido impulsando medidas similares a la que promueve la Casa Rosada en estos días. El debate se transforma, entonces, en una broma pesada para los adversarios del kirchnerismo, que no tienen más remedio que contradecirse o adherir a la política oficial. Sólo el macrismo se salva de la trampa. No hay espectáculo más reconfortante para un candidato que ver caer a sus contendientes en un enredo semejante en plena carrera electoral.

La primera definición de la señora de Kirchner después de su victoria en las primarias fue urgir el tratamiento del proyecto. Es comprensible. Más allá de cualquier consideración técnica, la restricción al derecho de los extranjeros a comprar tierras despierta ese reflejo de “defensa de lo nuestro” que es intrínseco al sentido común del populismo, sobre todo en meses de campaña. Para ese atavismo, la iniciativa ofrece un encanto muy superior al de proclamar la supremacía de las heladeras argentinas, como hizo la Presidenta días atrás. Sobre todo porque el kirchnerismo no se atreve a hazañas más audaces, como alguna estatización energética, a la boliviana.

Las razones por las cuales es mejor que la tierra esté en poder de quienes nacieron del lado de adentro de los límites del país, y no del otro, no aparecen demasiado claras en los textos en debate. Quizá los autores, de las más variadas corrientes, no crean necesario justificarlo. Para ellos ha de ser evidente que la argentinidad goza de un estatus ontológico superior.

Pero esa explicación es inconfesable, y si se tira mucho de su cuerda desnuda movimientos del alma un poco turbios. Por esos motivos los promotores de la restricción esgrimen otros argumentos. Por ejemplo, que hay congresos -extranjeros, por supuesto- que ya fijaron ese límite. Y que, como explicó el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, en Diputados el último 14 de junio, “hay países que pretenden 300.000 hectáreas”. Una alusión obvia al inconfundible “peligro chino”.

Para conjurar ese fantasma, todas las propuestas, incluso la de Federico Pinedo, que es la menos chauvinista, prohíben a otros Estados el acceso a la propiedad de la tierra. También ponen un obstáculo a los extranjeros que quieran hacerse de campos en zonas de frontera, y dejan en manos del Congreso la determinación casuística de zonas especiales, exclusivas para nativos.

El proyecto del Ejecutivo fija dos topes mucho más controvertidos: un cupo del 20% para la totalidad de la tierra en manos de extranjeros, que, además, no podrán poseer más de 1000 hectáreas.

Según Domínguez, la cuota del 20% fue calcada de Brasil. Debería informarse. En ese país se encendió una polémica porque Dilma Rousseff pretende no sólo más controles a las compras extranjeras -si superan las 500.000 hectáreas deben pasar por el Congreso-, sino asociar al Estado con esos propietarios a través de una acción de oro. En Uruguay se extiende la misma moda. Contra el juicio de sus ministros de Economía y Agricultura, José Mujica propuso un gravamen para los propietarios rurales que no sean uruguayos. ¿Qué pensarán los argentinos que lo aplaudieron el año pasado en Punta del Este porque les prometió no aplicar nuevos impuestos?

Incoherencias

La nota sobresaliente del debate en la Argentina es la incoherencia de casi todos los polemistas. Para empezar: hasta ahora el único que abrió la puerta al “peligro amarillo” fue el kirchnerista Miguel Saiz, gobernador de Río Negro, que firmó un tratado para que la República Popular China pueda apropiarse de tierras.

La Coalición Cívica, en cambio, fue pionera en discriminar a los que ansían “quedarse con lo nuestro”. Elisa Carrió presentó un proyecto más severo que el del Ejecutivo, y Patricia Bullrich exigió tratarlo el 11 de agosto del año pasado, con o sin despacho de comisión. Por entonces el moderado era Carlos Kunkel, que pedía a Bullrich estudiar más la idea. La semana pasada Bullrich confesó no estar de acuerdo con el texto de Carrió. Kunkel apura el trámite.

El último 1º de marzo, cuando abrió las sesiones del Congreso, Cristina Kirchner fue sorprendida por un diputado que le gritó desde su banca: “¡Tiene que haber una ley que limite la propiedad de la tierra!”. “¿Quién es el diputado?”, reaccionó ella, y prometió, astutísima: “Me hizo acordar de que vamos a mandar un proyecto sobre el tema”. El exaltado era Pablo Orsolini, de la UCR y la Federación Agraria, autor de un proyecto como el que estaba reclamando.

Era comprensible que Orsolini estuviera ansioso. El 16 de septiembre de 2010, el ministro Domínguez había enviado a la Comisión de Legislación General, que preside Vilma Ibarra, a su asesor Julio César Vitale para aplacar el nacionalismo opositor. Vitale recordó que la limitación a los extranjeros chocaba con el artículo 20 de la Constitución, que los iguala a los argentinos. También observó que ignora tratados internacionales. “Aunque esos tratados pueden ser denunciados”, se cubrió, prudente. Ahora, los que piden contemplar ese impedimento constitucional son radicales como Juan Pedro Tunessi, quien hace ocho días pidió más tiempo. Tunessi pensaba distinto el 2 de septiembre del año pasado, cuando, contra la reticencia kirchnerista, defendió la constitucionalidad del texto de Orsolini.

El articulado oficial tiene tantas inconsistencias técnicas que da la impresión de ser sólo un papel de campaña destinado a morir en tribunales. Además, pasarán años antes de que exista un catastro digital para controlar el cupo del 20%. Ese porcentaje suena, de tan generoso, extranjerizante: sólo 4 o 5% de la propiedad rural está hoy en manos foráneas.

El límite de 1000 hectáreas también es impreciso. Esa superficie, insignificante en Chubut, es carísima en Pergamino. En el corazón sojero puede costar 18 millones de dólares. Y en tierras pasables de Entre Ríos, 9 millones. Es difícil que un chacarero nacional y popular acceda a heredades como ésas, aun cuando el valor de los campos se deteriore con esta iniciativa. Lo más probable, aunque increíble, es que Cristina Kirchner esté ofreciendo un cómodo resguardo a los ricos argentinos frente a los ricos extranjeros. Es decir: que haya decidido proteger a la oligarquía terrateniente que hace tres años convocaba a los generales multimediáticos para desatar un movimiento destituyente en contra de ella. Lo que puede la xenofobia..