El personalismo crece – Perfil.com

por Julio Bárbaro

Rara sensación. Frente a un nuevo gobierno que es el mismo, con una mayoría deseando que todo siga igual y una oposición dividida entre los que convocan al fracaso y los que temen que suceda.

El triunfo electoral fue tan contundente como efímero, los subsidios abrieron un debate, queda la amarga sensación de haber vivido un frívolo derroche, tan injusto como gratuito.
Para superar a Keynes regalamos en la bonanza, para superar a Perón imponemos las teorías de los que nunca ganaron una elección.

Un personalismo exacerbado: la Presidenta pronuncia discursos mientras los beneficiarios la aplauden y los intelectuales la explican o justifican.

No hay partido ni gobernadores, nadie se anima a ser el Néstor Kirchner que no le obedecía a Menem ni la senadora Cristina que tenía un bloque unipersonal.

Los rebeldes de ayer aplastan a los disidentes de hoy, los obsecuentes de siempre conocen las artes del oficialismo y los beneficios que produce.

Y queda muy claro cuál es la ideología de la época, “el modelo”, esa serie de hechos que develaron enemigos y la serie de oficialistas que descubrieron dónde queda el mal y la derecha.
Una parte de la antigua izquierda convertida en apoyo incondicional, ellos aportan su oficio de denunciar disidentes, viejo placer de ortodoxos fracasados.

Prohibido disentir, de la vitalidad del peronismo al sistema que el muro aplastó al caer.

Me miran viejos amigos y me explican los discursos presidenciales y la admiración que los mismos les despiertan.
Yo de puro antiguo y anciano recuerdo el talento del General convocando a la unidad nacional. Los expulsados de la plaza utilizan su nombre para convocar votantes y su memoria para imaginar que ellos la perfeccionan con sus resentimientos.
El modelo nos llama la atención, tiene por enemigos de la patria a los que piensan distinto y por aliados a gente como Repsol o las telefónicas que nos chupan la sangre apoyando a quien los deje seguir haciéndolo. Y se multiplican las salas de juego.

El personalismo presidencial es cada vez mayor, el entorno que a veces opina, tan sólo un misterio. El poder tan concentrado, que coincidir implica tan sólo obedecer.

La oposición está dispersa y sin proyecto ni prestigio. El poder que sobrevive, sea sindical o político, parece parte del mal que debemos derrotar.

Todo el bien y la virtud está en el Gobierno, todo el mal y los intereses espurios, en la oposición; cualquier parecido con la democracia es mera casualidad.

Una democracia sin partido ni opiniones, un oficialismo que espera señales para explicarlas como el rumbo de la verdad revelada.

Más del cincuenta por ciento de los votos hubieran bastado para elegir un camino de grandeza dialogando con los demás poderes y no intentando eliminarlos para siempre.

El resultado electoral nos abrió a muchos esperanzas que no resistieron ni siquiera el tiempo de espera. Todo sigue igual pero ya nada será parecido.

El General dialogaba en la plaza con la más maravillosa de las músicas que era la voz de su pueblo. Ahora la Presidenta se expresa en un amontonamiento de funcionarios que compiten por el aplauso. Aquello era lo popular; esto de hoy, tan sólo de izquierdas burocráticas.

Un ejército de apasionados leales unidos a las prebendas va desplazando a los jóvenes militantes enamorados del supuesto “modelo”.

Quiero apoyar al Gobierno, pero no al costo de asesinar mi espíritu crítico, me llevó años de peronismo educarlo, no permitiré que unos meses de izquierdas y cartas abiertas me lo cercenen.
Al peronismo lo salvaron de la traición de Menem la rebeldía de Néstor y Cristina, la sociedad necesita hoy de una cuota de rebeldía capaz de mejorar los rumbos y permitir que el espíritu crítico participe y cuestione el pensamiento sin fisuras que nos intentan imponer.

Ni los votos ni la ausencia de oposición ni la saturación de aplaudidores nos pueden convencer de que vamos por el buen camino.

Los sistemas unipersonales sin derecho a crítica se aíslan y separan de la realidad.

Estamos a tiempo de escucharnos y respetarnos, de encontrar un camino común.

Y obligados a intentarlo.

*Militante justicialista.