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CFK es “peronista de izquierda”

Y yo tomo agua en polvo.

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    Teléfono para 6,7,8: se llama capitalismo

    Muchas personas suelen cuestionar a 6,7,8 por reducir los argumentos del adversario y distorsionar el verdadero significado de su mensaje mediante el carácter manipulativo de la operación de edición. Se presenta a 6,7,8 como una voz monolítica que simplifica la multiplicidad de opiniones y que no exhibe el “whole picture” que enmarca a un debate. Sin embargo, no tengo nada para decir de los puntos anteriores (propios de la toma de postura en el contexto televisisvo) sino que lo cuestionable se encuentra en otro lado, a saber: aunque uno puede acordar con muchos de los enunciados presentados en el programa, el problema es que los panelistas no llevan sus razonamientos hasta sus últimas consecuencias. Es decir, en el análisis de 6,7,8 habría que aplicar el procedimiento que Adorno denomina “crítica ideológica”, consistente en confrontar la idea con su realización. Esto es lo que comentaré a continuación:

    1) 6,7,8 no lleva los razonamientos hasta sus últimas consecuencias: tomemos una de las consignas más trilladas de 6,7,8: “El Grupo Clarín, como corporación económica, privilegia sus intereses económicos particulares por encima del interés general de la comunidad de recibir información de calidad”. La afirmación es acertada, pero describe a las empresas privadas de todos los rubros y no sólo a aquellas dedicadas a la comunicación. En una economía capitalista las empresas colocan la búsqueda de rentabilidad por encima del interés general de la comunidad. El interés socialno ingresa en el cálculo económico o constituye sólo una variable marginal ¿Acaso las empresas mineras (de las que el programa no tiene nada para decir) no colocan el lucro por encima del interés de la comunidad cuando, con su explotación masiva y sucia, contaminan las aguas, el aire, los suelos, afectan la salud de las poblaciones aledañas etc.? ¿Acaso la industria alimenticia no ha logrado mediante el empleo de plaguicidas químicos duplicar la incidencia de cáncer y enfermedades crónicas de los consumidores en los últimos 30 años (es decir, en el período en que creció exponencialmente la industrialización de los alimentos)? ¿Acaso la industria metalúrgica no ha sido señalada por envenenar la sangre de sus empleados con plomo y otros metales, conduciendo a enfermedades como el saturnismo? ¿Acaso la industria textil no está a la vanguardia en la utilización de trabajadores semi-esclavos o esclavos en los países periféricos? Ergo, lo que 6,7,8 señala para las empresas enemistadas con el gobierno nacional es válido para la totalidad de las empresas, porque es un rasgo intrínseco al funcionamiento del capital y su reproducción. De aquí podemos concluir el segundo punto:

    2) La crítica debería extenderse más allá de las alianzas y disputas coyunturales que el gobierno nacional tenga con los agentes económicos. Es importante pasar de un cuestionamiento de las conductas particulares de los agentes en cuestión, a un análisis crítico del sistema como tal. Esto nos lleva al siguiente punto:

    3) 6,7,8 moraliza y personaliza conflictos económicos y sociales que deberían ser explicados estructuralmente. El programa suele explicar las conductas de “la corpo” por ciertos atributos reprobables en la personalidad e ideología de sus dirigentes. Magnetto y Herrera de Noble serían, según los panelistas, perversos, mal intencionados, mentirosos, autoritarios, anti-democráticos y con una trayectoria tan oscura como sus ideologías. Lo que se debe decir es que, independientemente de que Magnetto y Herrera de Noble puedan ser o no maléficos, el sistema capitalista no requiere de personalidades perversas para hacer funcionar su implacable y destructivo mecanismo. Esta es una de las grandes enseñanzas de Hanna Arendt con su concepto de “banalidad del mal”, construido en relación a la figura de Adolf Eichmann. La autora sostiene que, a diferencia de lo que muestra el sentido común, la brutal maquinaria de la muerte industrializada del régimen nazi se sostenía en la labor cotidiana y desapasionada de opacos funcionarios burocráticos que se percibían a sí mismos como meros instrumentadores de la racionalidad y eficacia técnica. El señalamiento de Arendt nos conduce a prestar atención a la red de relaciones sociales y no a las personas que coyunturalmente ocupan los espacios que aquella delimita.

    4) Al concentrarse en la prosperidad del país atribuida al gobierno nacional, 6,7,8 es capaz de celebrar hitos del avance del consumo que, bien observados, significan una calamidad para la calidad de vida de la comunidad. Por ejemplo, ¿a qué persona sensata puede producir felicidad que continúe creciendo la industria automotriz y, con ella, el parque automotor? Para 6,7,8 es una buena noticia. A riesgo de repetir los puntos sobre los que han insistido Osvaldo Bayer y Eduardo Galeano, el automóvil lacera con su violencia el espacio urbano, siendo de las primeras causas de muerte del país, produciendo lesiones gravísimas, discapacidades, contaminación gaseosa y sonora, jerarquizando el tránsito entre los que tienen auto y los que no, vulnerando el derecho de peatones y ciclistas y, en otro orden, alimentando la cruel industria del petróleo y las guerras que por ella se desatan. El auto no nos permite imaginar modalidades más saludables de transportarnos en el espacio urbano (con dispositivos que ya están en uso, como la bicicleta u otros sustentables) ¿Quién se puede alegrar con la expansión del automóvil? No hay que olvidar que los indicadores que resultan favorables para un gobierno en el marco de la economía capitalista, pueden no ser otra cosa que indicadores solamente favorables a la economía capitalista, pero lastimosos para la humanidad en su conjunto.

    5) 6,7,8 sostiene una polarización entre el Estado y el sector privado que la realidad desmiente. Muchas expresiones fuertemente politizadas de la sociedad civil señalan que es posible construir una comunidad más libre en espacios alternativos que se sustraen tanto de la lógica mercantil como de la regulación del Estado (o, para ser más precisos, que entran en “negociaciones” tanto con intereses particulares como con la autoridad pública, pero protegiendo su autonomía básica). Estos espacios suelen ser ejemplares por las relaciones sociales que se desarrollan en su interior: horizontales, no jerárquicas, asamblearias o reticulares, ajenas al principio de la autoridad y disciplina, con derecho al disenso y búsqueda de consenso. Algunos casos ilustrativos son: las asambleas barriales que tuvieron su furor en el 2002, la FLIA (Feria del Libro Independiente y Alternativa) donde se reúnen escritores que no tienen lugar en las editoriales mainstream, los grupos artísticos que recuperan edificios abandonados para ponerlos a funcionar como centros culturales comunitarios, los grupos a favor del software libre y el “open source”, el movimiento Copy Left y quienes que se resisten a la propiedad intelectual, las iniciativas por los derechos de los ciclistas y modos más saludables de ocupar el espacio urbano, tales como aquellas de la Masa Crítica, los grupos de mujeres que autogestivamente producen material informativo sobre métodos anticonceptivos y aborto seguro, y muchos otros. Estos colectivos, con sus diferencias, parecen atravesados por una misma consigna: no esperes ninguna legitimidad de la industria o del Estado: hacelo! Es en estos grupos donde se vislumbra la utopía que, tarde o temprano, devendrá futuro. El porvenir está aquí y no en las sórdidas discusiones parlamentarias en que, la mayoría de las veces, las iniciativas verdaderamente radicales suelen tener una expresión testimonial.